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16 de junio de 2014

El Maracanazo


Jules Rimet Obdulio Varela

16 de Julio de 1950

Con cara de circunstancia Jules Rimet, presidente de la Fifa desde hacía casi 30 años, entrega la Copa del Mundo a Obdulio Varela, capitán de la selección uruguaya de fútbol.
A su alrededor no se observa la solemnidad ni la celebración características de este tipo de actos, mas bien al contrario: un grupo de hombres trajeados y cara mosqueada parecen blindar al octogenario mandatario, que no parece sentirse a gusto.

Contra todo pronóstico Uruguay acababa de derrotar en la gran Final del Mundial de 1950 a Brasil, la todopoderosa selección anfitriona, que hasta la fecha estaba realizando un campeonato impecable contándose sus partidos por goleadas. De hecho era la gran favorita no sólo para vencer al combinado del pequeño país sudamericano, sino para mandarlos a casa con un buen saco de goles.

Así lo esperaba el planeta fútbol; así lo esperaba todo un país que vibraba con su seleçao; así lo esperaban  los más de 200.000 hinchas que se agolpaban en Maracaná, escenario elegido para el choque; y así lo esperaba el propio Jules Rimet, que a falta de pocos minutos y con todo favorable para los locales entró en los vestuarios para preparar el discurso de felicitación a los vencedores... 

Pero fútbol, como dijo Boskov, es fútbol... y en apenas 15 minutos los uruguayos, con goles de Juan Alberto Schiaffino y de Alcides Ghiggia dieron la vuelta al tanto inicial de los brasileños, alzándose con el Mundial.  

Nadie lo esperaba, y menos Rimet, que cuando regresó al terreno de juego con la Copa y su discurso encontró un Estadio en silencio, callado, donde si acaso se escuchaban los amargos lamentos de los humillados seguidores locales.
Casi a escondidas, el octogenario presidente buscó al capitán uruguayo y le entregó el trofeo, sin que le diera siquiera tiempo a felicitarlo.
Quizás estaba contagiado de la tristeza brasileña.
Quizás aún no había salido de su asombro, como el resto del mundo. 

Quizás ambas cosas... 

Daba igual. 


Esa fecha siempre será recordada como una de las más tristes de la historia de Brasil, llegando mucha gente incluso a suicidarse. 
El partido, sobra decirlo, ha pasado a la posteridad como un de los grandes hitos de la historia del fútbol: el Maracanazo.



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